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Estimados Académic@s:
Nadie duda que los debates electorales entre Zapatero y Rajoy organizados por la Academia de Televisión marcan un antes y un después en la vida de la Institución. Suponen, una aceleración del proceso de Refundación que se propuso la Junta Directiva que inició sus trabajos en octubre de 2006. Nuevas perspectivas, nuevas responsabilidades y nuevos retos. Y, al igual que con los debates, alto riesgo y ningún espacio para la decepción.
Hablemos de eso pero antes digamos que la consecución de los debates no fue obra de una sola persona, ni de los cinco del Comité de Dirección de los Debates - Carbajo, Navarrete, Tacho de la Calle, Concha García Campoy y yo mismo-, ni de la Junta - espléndido trabajo de Blanco, López Bello, J. L. Campos, Glück, Martín y otros- fue obra de unas cuantas docenas de académicos entusiastas, unos colaborando directamente y otros apoyando, y también de alguien más: personas en distintas televisiones que con su perseverancia facilitaron, aunque no culminaran la negociación, que el encuentro dialéctico entre los líderes se celebrara.
Labor de muchos, por tanto, y gratitud adeudada con Zapatero y Rajoy, sin cuya conformidad no hubiéramos llegado a nada, con Pío García Escudero y Pepe Blanco, respetuosos y colaboradores en todo momento, y con los directivos de aquellas cadenas que se sumaron a la trasmisión de aquel singular acontecimiento. Gracias a todos, en nombre de la Academia, por confiar en nosotros.
También gracias a los periodistas y a los medios que promovieron el debate, una vez conseguido, facilitando aquellas impresionantes audiencias de 13 y 12 millones de espectadores, oyentes e internautas aparte y espectadores americanos y europeos no contabilizados. Claro que hubo alguna prensa y alguna radio que trató de impedirlo, o de desacreditarlo, pero fracasó en su intento. Falsedades obvias al margen, lo más desafortunado fue el reportaje tratando de presentar despectivamente a quienes producían el debate como como un grupo de jubilados. Sin la experiencia de tantos académicos no se hubieran podido organizar en sólo once días un plató, o mejor dos, partiendo de cero. La Academia no tiene recursos propios pero contiene el talento profesional suficiente para afrontar ese reto y resolverlo con dignidad, como se vio.
Pero los debates ya son historia. Ahora hay que saber dónde estamos y que se espera de la Academia, institución hasta ayer casi desconocida, fuera de ambientes profesionales, y que ahora millones de personas reconocen.
Para buena parte de ciudadanos y líderes de opinión, la Academia al organizar con éxito los debates prestó un servicio a la democracia y eso sitúa la Institución en un nivel de reconocimiento que debemos preservar. Nuestras acciones en el futuro, aún enfocadas como es lógico al mundo profesional y a la industria televisiva, deben contemplar esa dimensión social y buscar ese servicio permanente a la sociedad y no sólo a sus asociados.
La primera medida a tomar, estima esta Junta Directiva, es reforzar la invitación a la participación de todos. Del mismo modo que lo primero que se hizo al llegar fue una amplia encuesta pidiendo opiniones sobre la Refundación, que era nuestra idea fuerza, relanzamos esa petición y anunciamos que convocaremos reuniones de académicos y académicas para escuchar iniciativas, para proponer ideas con el fin de elaborar conjuntamente la carta de navegación de la Academia que surge tras los debates: seminarios, coloquios, nuevos premios, reconocimientos, contactos con Academias y televisiones de otros países...
A esa colaboración, precedida de una amplia consulta, quedamos todos convocados.
MANUEL CAMPO VIDAL
PRESIDENTE DE LA ACADEMIA DE LAS CIENCIAS Y LAS ARTES DE TELEVISIÓN
Revistas anteriores:
Nº 103
Enero 2008
La revista de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión
Nº 102
Octubre/Noviembre 2007
La revista de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión
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