Entrevista a Paloma del Río. Premio Iris de la Crítica 2021

30 de julio de 2021

«Me gustaría seguir hablándole a la gente de deporte femenino, su invisibilidad, el trato o mal trato que le damos los medios de comunicación, dejándolas en solitario y sacándolas solo a la palestra cuando llegan los JJOO. El resto del tiempo siguen estando ahí, entrenando y realizando competiciones formidables»

Curiosa por naturaleza dejó su primer trabajo como auxiliar de clínica para dedicarse al periodismo deportivo. Fue la primera universitaria de su familia y sus primeros recuerdos del mundo del deporte los asocia los Juegos Olímpicos. Con un bagaje profesional de más de 35 años, asegura que se enfrenta a Tokio 2020 con los nervios y la tensión de una debutante. “Parece mentira después de tanta horas narradas pero me importa mucho que las cosas salgan bien”. Paloma del Río es, entre otras muchas cosas, honestidad profesional, credibilidad, cercanía y, sobre todo, una voz inconfundible para la audiencia de TVE. Este año recibirá el Premio Iris de la Crítica por su talento como comunicadora y por visibilizar los deportes minoritarios con su autenticidad y pasión por el oficio.

 

Por Sara Pulido.

La oportunidad en televisión te llega con un cartel de “Prácticas en TVE”.  ¿Cómo recuerdas aquellos comienzos periodísticos?

Venía de una promoción fantástica en la que coincidí con profesionales como Teresa Viejo, Fran Llorente o Vicente Vallés. Todos mis compañeros hacían prácticas en verano pero yo no podía porque seguía trabajando como auxiliar en una clínica. Tuve que esperar a terminar la carrera. En los pasillos del decanato vi por casualidad los carteles de prácticas en TVE. Eran 40 becas, 10 para televisión y 30 para RNE. Tenía el segundo mejor expediente y la conseguí.

¿Recuerdas la primera transmisión deportiva?

Fue a los seis meses de estar en la tele. Había surgido un campeonato de tenis de mesa en Sevilla. Mi jefe me dijo que me preparara. Conocía el reglamento porque había jugado. Ramón Pizarro y Olga Viza me dieron muy buenos consejos y después seguía mi intuición. Me sigue molestando que salpiquemos con palabras las transmisiones más allá de lo necesario. Hay que disfrutarlas en silencio, como si estuvieras en el mismo campo o en la misma pista. Necesitas tranquilidad, no alguien bombardeándote desde la tele con palabras. Tenemos que aprender a respetar el trabajo del deportista. También me di cuenta muy pronto de que es necesario utilizar muy bien el lenguaje. El resto lo aprendes con el tiempo y sobre todo con mucho análisis. Después de 35 años sigo viendo las transmisiones para evaluarlas como espectadora.

¿Quiénes dirías que han sido tus maestros o referentes en la profesión?

Por aquel entonces los más veteranos nos consideraban intrusas a todas las mujeres. Pero los más coetáneos como Jesús Álvarez, Valentín Requena, Luismi López o Matías Prats nos acogieron muy bien.  Ellos no tenían tanto reparo y nos dieron una oportunidad a todas. La pionera allí fue Mari Carmen Izquierdo y mi referente, en cuanto a manera de hacer las cosas, ha sido siempre Olga Viza. Por su manera de presentar, de realizar las transmisiones, su forma de modular la voz. Era el espejo en el que  me quería mirar.

«A los jóvenes les diría que estudien idiomas y que sean los mejor informados de aquello que les apasione. Que les salga por los poros el conocimiento. Eso se refleja y los que estamos dentro en seguida detectamos el talento»

Por méritos propios has logrado ser una de las mujeres más respetadas dentro del periodismo deportivo…

Mujeres como Olga Viza, María Escario o Elena Sánchez ya estaban ahí y llevaban más años que yo. Aproveché el hueco. Aprendí de ellas. Me reafirmé en que si yo tenía por vocación hacer periodismo deportivo porque no iba a hacerlo. Enseguida se me quitaron los complejos. Sobre todo cuando los editores de los Telediarios empezaron a confiar en mi, por la voz, por la dicción, por cómo escribía, por la capacidad de síntesis, por contar en 45 segundos lo que había que contar y reflejar lo que había pasado en la noticia.

¿Qué les dirías a los jóvenes de hoy que quieren probar suerte en deportes?

El aprendizaje fundamental es que te tienes que diferenciar de los demás. La gran mayoría en el periodismo deportivo quiere hacer fútbol y allí hay gente a patadas y que sabe muchísimo. La clave es diferenciarse con preparación, estudio y demostrando que eres el que más sabe. Pensé que mi último examen de Historia del periodismo universal sería el final y me equivoqué. Me he pasado la vida estudiando, reglamentos, deportes, nombres de dirigentes, estructuras internacionales… A los jóvenes les diría que estudien idiomas y que sean los mejor informados de aquello que les apasione. Que les salga el conocimiento por los poros. Eso se refleja y los que estamos dentro en seguida detectamos el talento.

En 1988 cubres tus primeros JJOO en Seúl. De los 15 que llevas a tus espaldas. ¿Recuerdas alguno de manera especial?

Seúl me impresionó porque cuatro años antes yo estaba trabajando en una clínica. Y pensaba: “ahora estoy aquí en unos JJOO”. Hasta que no vives unos desde dentro no te das cuenta de la dimensión que tienen. Después llegaron los de Barcelona que eran en casa. Fueron muy buenos a nivel deportivo y de innovación. En la logística, la ceremonia, los avances tecnológicos, empezaron a aparecer cámaras livianas que se colocaban en otros puntos de vista. Todo aquello fue muy enriquecedor. También fueron muy buenos los de Pekín en 2008. Grandiosos. Guardo peor recuerdo de los de Atlanta y los de Río.

Del avance tecnológico en las coberturas deportivas. ¿Qué es lo que más te ha impactado?

La tecnología que te permite avanzar en la imagen una serie de infografías que antes eran impensables. Cuando un saltador va a saltar, ya te está recreando con un muñeco el salto. Es increíble toda la información que nos llega a través de la pantalla. El espectador puede saber cuál es la narración de la competición sin necesidad del comentarista porque la señal viene acompañada de muchísima información, rótulos, cambios de plano, posiciones de cámara, es tremendo. En la retransmisión desde un estadio olímpico hay cámaras por todas partes y esto ha permitido multiplicar los puntos de vista de la competición.

¿Qué crees que han aportado al periodismo deportivo las redes sociales?

Inmediatez en la información. Siempre hay que observarlas con reserva, porque nunca sabes si lo que dice un tuit es cierto o no. De ahí la importancia de seguir o utilizar fuentes de confianza. Los grandes periódicos o los grandes especialistas que utilizan las redes de forma seria para la transmisión de contenido. Por otro lado, los deportistas las utilizan como escaparate de su acción para su propia promoción y encuentran un foco que no tenían en la prensa tradicional.

¿Cuál sería el minuto de oro de tu trayectoria?

Escogería dos momentos en los que la comentarista se pone al nivel del espectador a nivel emocional. Uno fue en Vancouver, el momento en que sale a la pista de patinaje la canadiense Joannie Rochette. Su madre había muerto 48 horas antes de un ataque al corazón cuando había ido a visitarla. Finalmente, ella decidió competir. Cuando salió rompimos todos a llorar. El otro momento, también por la emoción, cuando Javier Fernández consigue el séptimo título de campeón de Europa, que además supuso su retirada.

Después, en general, cuando hay un deportista español que va a ganar una medalla, te implicas más, sientes más. Intentas mantener la distancia pero es difícil. Por ejemplo, la medalla de oro de las gimnastas de rítmica en Atlanta era tan inesperada, ganaron tan bien a las rusas y a las búlgaras, que fue tremendamente emocionante verlo y contarlo.

¿Cuál es la clave de la permanencia?

Ser honesto con el trabajo. Salir a la pista con la convicción y el deseo de que tu trabajo va a salir bien. Eso es lo que yo hago. Prepararme, estudiar, tener la mayor cantidad de datos posibles para procesarlos y transmitírselos a la audiencia. Sin esperar nada a cambio, solo por el hecho  de que la gente haya disfrutado o aprendido algo de ese deporte.

«En los deportes minoritarios hay mucho talento y mucha diversión. Solo hay que tener paciencia para sentarte a seguirlos. Terminan enganchando. ¿Qué reivindicarías para los deportes minoritarios en televisión?»

Que la gente confiara en ellos. Se nos va la vista siempre a los grandes deportes pero en los deportes minoritarios hay mucho talento y mucha diversión. Solo hay que tener paciencia para sentarte a seguirlos. Terminan enganchando.

¿Cómo valoras el Premio Iris que te ha concedido el Jurado de la Crítica?

Con sorpresa y agradecimiento. Me llama la atención que saliendo muy poco en pantalla – la gente me conoce más por la voz que por la cara- haya sido capaz de llegar a tanto reconocimiento.  Cuando me llamó María Casado el otro día para anunciármelo lo agradecí muchísimo. Que hayan pensado en mí es un premio a una carrera profesional de más de 35 años.

¿Qué te gustaría hacer profesionalmente que aún no has hecho?

He reflejado en los tres libros que he escrito mi pensamiento sobre el deporte femenino y siempre haciendo hincapié en el deporte minoritario, en la ausencia de igualdad. A veces me llaman también de diferentes foros para hablar de lo mismo. Universidades, mesas redondas, encuentros… Me gustaría estar en eso. Explicándole a la gente lo que es el deporte minoritario, lo que es el deporte femenino, su invisibilidad, el trato o mal trato que le damos los medios de comunicación, dejándolas en solitario y sacándolas solo a la palestra cuando llegan los JJOO. El resto del tiempo siguen estando ahí, entrenando y realizando competiciones formidables.

La vida profesional tiene un inicio y tiene un final. En 2023 cumpliré 63 años y mi idea es jubilarme ahí. Pero dejo abierta la posibilidad de que me llamen para colaborar de forma extraordinaria en unos juegos…También pensaba que los juegos de Río iban a ser los últimos y mira la prorroga que me ha dado la vida.