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FesTVal, una edición fuera de serie. Por Joseba Fiestras

1 de octubre de 2020

Por Joseba Fiestras, académico y director del FesTVal de Vitoria

FesTVal, una edición fuera de serie (Y eso que no era la 13).

Hay que cambiar el chip, “y eso dueleee”, que diría La Bombi. Para un cineasta no es fácil cortar escenas en el montaje final, lo mismo que para un escritor ha de ser complejo arrugar la hoja ya escrita y prescindir de ella en su novela. A la hora de hacer un festival, en este caso de televisión, sus responsables piensan a lo grande, buscan crecer año tras año y aumentar sus contenidos en pos de la excelencia. Es desesperante que llegue una pandemia y ponga patas arriba el sentido de la vida.

Cuando empezaba 2020 nuestro mayor problema era cómo superar una edición que había sido estupenda, la de 2019. Y las miras estaban puestas en ello cuando, de golpe y porrazo, nos encierran a todos. Y la vida cambia. Y la tele está ahí, arropando a la audiencia y reinventando sus contenidos. Y esa fue la clave. Que Buenafuente y su equipo tengan que hacer Late Motiv desde casa o que Pablo Motos reimagine El Hormiguero adaptándose a los tiempos no debió de ser fácil. Y no fueron los únicos.

Y la vida cambia. Y la tele está ahí, arropando a la audiencia y reinventando sus contenidos. Y esa fue la clave.

Si FesTVal es el escaparate de la televisión, había que tratar de mantener su presencia modificando lo que hiciera falta, pero sin perder un ápice de su esencia. Así nos lo planteamos y así lo hicimos, aunque te reconozco ahora que en varias ocasiones estuvimos a punto de tirar la toalla.

Lo primero fue organizar una campaña con numerosos amigos y amigas ayudándonos a transmitir la idea de que el festival seguía adelante. Hasta 25 rostros catódicos lo dijeron en mayo: “La televisión te acompaña. Ahora, desde casa y en septiembre, en el FesTval”. Recuerdo que Antonio Resines me llamó para preguntarme si tal y como estaba el panorama podríamos hacer las jornadas presenciales. “Sí, Antonio, de aquí a septiembre…”, respondí yo optimista. Y fueron precisamente las últimas semanas las más complicadas. Esas en las que veía que se derrumbaba el castillo de naipes que tanto nos estaba costando levantar. Pero aguantamos. Y aquí llega lo desesperante, hay que prescindir de trabajos ya hechos. El ProFesTVal, esos encuentros profesionales que ya estaban apalabrados, todos virtuales. Una exposición prevista para homenajear a Chicho Ibáñez Serrador, aplazada. Unas mesas redondas abiertas al público, suspendidas. Y así un día tras otro, viendo cómo las preocupantes cifras de contagios aumentaban.

Si hay un concepto que ha acompañado al FesTVal desde sus orígenes es la cercanía. La misión es aproximar a la gente del medio, acercarla a la audiencia. Y esa filosofía saltó por los aires este año. Distancia de seguridad. Dinamitada la base, entre el humo asomó otra idea que nos abrazó metafóricamente: la amistad. La descubrimos cuando pedimos ayuda a la gente de la tele y nos respondieron a tutiplén. Todo el mundo estaba dispuesto a echarnos una mano de una forma u otra. Nos ajustamos gracias a ellas y ellos, y cambiamos el chip.

La edición número 12 del FesTVal (menos mal que no era la XIII) ha sido la más dura de todas, pero también la más gratificante. Ha costado mucho mentalmente, la tensión diaria era evidente. Nuestra obsesión era que quienes se acercasen a vernos estuviesen seguros. Y creo que logramos transmitir esa idea a base de geles hidroalcohólicos, la puñetera distancia que cancelaba abrazos, menos contenidos, termómetros indiscretos, butacas precintadas… “esto parece un quirófano”, dijo alguno en la gala de clausura. Pues reto conseguido. ¿Y el público? Pues los pocos que pudieron se acercaron y el resto, a través de la web. ¡Ah! y en el cartel porque desde el primer minuto pensamos que, ya que casi no íbamos a tener audiencia presencial, íbamos a dedicar el póster al respetable.

La edición número 12 del FesTVal (menos mal que no era la XIII) ha sido la más dura de todas, pero también la más gratificante. Ha costado mucho mentalmente, la tensión diaria era evidente. Nuestra obsesión era que quienes se acercasen a vernos estuviesen seguros.

Es de bien nacidos agradecer el apoyo y cariño de TVE, Atresmedia, Movistar+, ETB y las productoras y asociaciones que han querido seguirnos en una edición tan difícil. Sobre todo porque, además de brindarnos sus contenidos, han levantado muros cuando la casa se venía abajo y apuntalado columnas cuando tocaba. Qué les decía yo de la amistad. Y entre todos nos lanzamos a la aventura de seguir adelante. Gracias también a los y las periodistas que han querido acompañarnos en un momento tan complicado. Han estado, han trabajado y nos han arropado. Y, por supuesto, a quienes nos han visitado para recoger premios, entregarlos o simplemente acompañarnos. A todos, del primero al último. Y a los técnicos que se han dejado la piel en el intento, esos técnicos que las están pasando canutas por la falta de empleo. Recordemos que sin sus luces, su sonido, su atrezzo… no somos nada.

Una vez hecho, queda mirar al siguiente con la esperanza de que la normalidad vuelva a ser normal y la incertidumbre de que eso no está del todo claro. No importa, seguiremos batallando. Todo sea por recuperar esa alfombra naranja que convoca a miles de seguidores catódicos o ese piano bar ya famoso alrededor del cual cerrábamos cada cita. Muy juntos, abrazados. Y hasta entonces os veremos y aprenderemos. Si alguien sabe amoldarse a la situación es la tele, y este año ha sido prueba de ello. Así que felicidades a todos y todas. La información ha sido vital, pero también la distracción, entretenernos, y lo habéis hecho de maravilla. Lo nuestro ha consistido en asimilar vuestras enseñanzas y ponerlas en práctica como hemos podido, y siempre con vuestra ayuda. Al fin y al cabo, ya sabéis que Vitoria-Gasteiz es vuestra casa desde hace ya doce años.

Lo conseguimos, no sin muchos quebraderos de cabeza. Y lo más importante, transmitimos que se pueden hacer cosas de forma segura. Con menos gente, claro, pero protegidos del maldito virus. Ese el mensaje que nos gusta pensar que hemos trasladado al mundo: vayan al teatro, a los espectáculos. Este es un festival de televisión, pero casi todos los que trabajan en el medio viven también de montajes en directo. Y a nosotros nos encanta verlos. Que un virus no nos quite esa bonita costumbre. Y a ver si el año que viene podemos celebrarlo alrededor de un piano, ¿no os parece?