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La hora de la solidaridad con la cultura. Por Marisa Castelo

29 de junio de 2020

Por Marisa Castelo, Académica, abogada y presidenta del Instituto Autor

La hora de la solidaridad con la cultura

«La cultura es la herencia de la nobleza del mundo, la única fuerza que tenemos frente a la noche; es precisamente todo lo que en nosotros escapa a la muerte»  André Malraux

Qué irreal resulta ahora recordarnos hace tan solo unos meses recibiendo con alegría el 2020, un año que en lo económico presentaba cara tan amable, sin poder sospechar que, poco tiempo después, tendríamos que hacer frente al momento más duro que hemos vivido como sociedad muchas generaciones de españoles. Hemos pasado meses atónitos, flotando en una nube de irrealidad, viviendo una pesadilla cuya peor consecuencia ha sido la pérdida injusta de tantísimas vidas, esas crueles pérdidas sin despedidas ni consuelos, pesadilla que continúa y ahora nos enfrenta al difícil reto de la reconstrucción económica.

Durante todo ese nefasto periodo, nuestros creadores han estado a la altura: desde sus casas, con medios precarios, artesanales, han seguido creando, editando y produciendo obras y grabaciones musicales; las obras escénicas han partido de los escenarios hacia nuestro encuentro en el ciberespacio; incluso se han rodado series de televisión en confinamiento. En general, han continuado los contenidos televisivos y culturales de todo tipo, en un alarde de esfuerzo y talento, improvisando, buscando medios donde no había, y consiguiendo un sorprendente resultado, del que estar orgullosos; incluso muchas plataformas de contenidos culturales y de entretenimiento se abrieron durante los días más duros del confinamiento al público de manera gratuita.

En general, han continuado los contenidos televisivos y culturales de todo tipo, en un alarde de esfuerzo y talento, improvisando, buscando medios donde no había, y consiguiendo un sorprendente resultado.

Imaginemos como hubiera empeorado nuestra situación en aquellos trágicos días si al apagón de las calles, se hubiera sumado un apagón cultural y del entretenimiento audiovisual. Miles y miles de personas han estado sacando fuerzas de flaqueza y recursos de donde no había para conseguir, sin remuneración a cambio la mayor parte de las veces, que la oferta cultural y de entretenimiento no parase. Son esos miles de personas que ahora se enfrentan a una situación especialmente desesperada, y nos están mirando a los ojos, preguntando si estaremos a la altura de su esfuerzo.

La UNESCO puso en marcha el pasado 15 de abril de 2020, Día Mundial del Arte, el movimiento mundial ResiliArt, con el objeto de hacer visible el devastador efecto de la pandemia causada por el Sars-Cov-2 en el sector cultural, y sensibilizar a la opinión pública sobre la situación de autores, artistas y técnicos en espectáculos públicos y producciones culturales. Como señaló el compositor Jean-Michel Jarre, Embajador de la UNESCO: “La COVID-19 no es sólo una crisis sanitaria. Es también una nube oscura que afecta tanto a la música como a la cultura en general”.

Según cifras de la UNESCO, a 14 de abril de 2020, las instituciones culturales estaban cerradas en 128 países y parcialmente cerradas en 32 países. En España, además, se han cancelado todo tipo de representaciones, los conciertos, los festivales, las fiestas patronales. Todo esto sucede en un sector regido por la precariedad en la contratación, compuesto en su mayoría de microempresas y autónomos o falsos autónomos, incapaces de resistir el embate, y muchas veces sin siquiera posibilidad de acceso a prestaciones que en el mercado laboral se dan por supuestas, como la prestación por desempleo.

Esta catástrofe sanitaria llega en un momento en que el Congreso de los Diputados de España, precisamente para intentar mejorar la precariedad laboral en el sector cultural, viene trabajando desde hace unos años en la aprobación de un Estatuto del artista y del trabajo cultural, cuyo trabajo se plasmó en un Informe que fue aprobado por unanimidad en septiembre de 2018. Los representantes del pueblo español unánimemente respaldaron que la cultura es, además de un derecho recogido constitucionalmente y un bien común, un sector precario, y que el ecosistema cultural no puede ser accesible y diverso, como exige la Constitución Española, si es precario, lo que convierte en un asunto de estado y de ciudadanía la lucha por la sostenibilidad de la cultura y de la dignidad de vida de quienes se dedican a ella.

El Informe del Congreso establece hasta un total de 75 medidas, que deben irse adoptando paulatinamente, configurando una agenda de evolución legislativa.

El Informe del Congreso establece hasta un total de 75 medidas, que deben irse adoptando paulatinamente, configurando una agenda de evolución legislativa. Si bien es cierto que fue una gran alegría leer en el BOE de 29 de diciembre de 2018 el Real Decreto-ley 26/2018, de 28 de diciembre, por el que se aprobaron medidas de urgencia sobre la creación artística y la cinematografía, aún queda mucho camino por andar, y más ahora, con esta terrible desgracia sobrevenida.

Graves serán las secuelas de la pandemia, económicas y psicológicas. La sociedad requerirá grandes dosis de empatía, comprensión y solidaridad, ya que todos, en mayor o menor medida, hemos cambiado. Aunque aparentemos normalidad, aún intentamos asimilar lo sucedido, reencontrarnos con nuestro equilibrio, recuperar la velocidad en nuestras cabezas y movimientos cotidianos. Es imposible pretender que nada ha pasado y seguir en el punto en que dejamos nuestras vidas aquel 14 de marzo de 2020, en el que España amaneció con la vida cerrada a cal y canto, pero es innegable reconocer que algunos, por diferentes razones, tenemos la suerte de volver mejor que otros, más débiles por razones estructurales, y respecto de quienes se hace especialmente imperativa la generosidad. Nuestros artistas, autores, técnicos, nos están mirando directamente a los ojos: tenemos que sostenerles la mirada y devolvérsela con esa gran sonrisa en los ojos que ninguna mascarilla puede esconder. Si no lo hacemos, nuestra cultura recibirá un golpe mortal que tardará muchos años en ser reparado.