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La importancia de informar en el sitio: corresponsales de guerra

6 de abril de 2022

Por Lucía López Puerta

El reloj ni siquiera había marcado las seis de la mañana y a la oscuridad todavía le quedaban unos minutos. Era veinticuatro de febrero de 2022 y las tropas rusas entraban en su país vecino dejando en tinieblas la vida de los ucranianos: empezaba una guerra en Europa.

Según datos de Reporteros sin Fronteras, hasta Ucrania se han desplazado setenta profesionales españoles para cubrir el conflicto. “Hay un despliegue espectacular de periodistas de medios y freelance en Ucrania”, afirma Pilar Bernal, vicepresidenta de la Asociación y periodista para Informativos T5 cubriendo conflictos en Irak, Afganistán o Kosovo. “Para saber qué pasa de verdad tienes que mirar y estar en los sitios en los que pasan las cosas y así poder contarlo”, dice Ana Expósito, periodista de la Televisión de Galicia y corresponsal ahora en Ucrania. Almudena Ariza, de Televisión Española y también desplazada a Ucrania, coincide: “Es importante que siga habiendo gente donde pasan las cosas. En una guerra hay muchas noticias falsas y estamos expuestos, como periodistas, a meter la pata, pero si estás en el terreno y ves lo que está pasando es más difícil”.

La primera vez que fui a una guerra, la invasión de Kuwait, me mandaron a la periferia. Lo pasé tan mal estando tan alejada, que cuando estalló la guerra de Yugoslavia, como no me querían mandar, pedí una licencia, cogí mi coche y me fui hasta allí», Ana Expósito.

Los días pasan y la guerra avanza implacable: todo puede pasar y, en un conflicto, la batalla se libra en el campo y en los medios. Las fakesnews merodean a sus anchas por la red y estamos a golpe de clic para caer en la desinformación. “En noviembre estuve en Los Ángeles porque se decía que había falta de camiones y suministros. Yo iba con la idea de contar esa historia, pero cuando llego allí y empecé a hablar con los camioneros, me cuentan una historia completamente distinta”, comenta Ariza. “Hace unos días, -relata Expósito, – apareció un convoy militar ruso de sesenta kilómetros que avanzaba hacia Kiev. Vehículos blindados y artillería remolcada que llegaría para atacar la capital. Y hoy, por lo que he estado viendo, parece que son tanques de avituallamiento para el ejército. Hay que evitar decir las cosas tan rápidamente. Queremos ser los primeros en dar la noticia, pero acabamos siendo los primeros en equivocarnos. Con las imágenes que vienen de fuera no puedes comprobar nada, aunque cada vez hay más métodos de verificación. El problema es que mientras los medios de comunicación y la ciudadanía sigan pensando que vale lo mismo lo que diga cualquiera que tenga un teléfono móvil a lo que diga un profesional, vamos a seguir cayendo en las noticias falsas”. Y continúa: “Espero que no hayamos caído tan bajo y que la gente acabe dándose cuenta de que hay que parar esto si queremos entender lo que está pasando”.

Volviendo a los datos, Bernal declara que según RSF “tenemos en torno a unos setenta periodistas en Ucrania y países limítrofes. Desde Reporteros Sin Fronteras, tenemos contabilizados a cincuenta y seis periodistas españoles en Ucrania, treinta y nueve hombres y diecisiete mujeres. En los países vecinos hay dieciséis periodistas españoles, ocho hombres y ocho mujeres. Dieciséis son freelance, de los cuales siete con contratos medianamente cerrados con periódicos y/u otros medios de comunicación”. Según el informe de la APM de 2021, el 30% de los periodistas freelance cobran menos de mil euros al mes. Esto imposibilita que puedan viajar al terreno o protegerse en caso de trabajar en zona de conflicto.

“Una guerra es peligrosa y tienes que ir con una cobertura, con dinero y sabiendo que si necesitas ser evacuado alguien te va a cubrir y te va a proteger. Necesitas un seguro médico y equipo: chaleco antibalas, casco. En Reporteros Sin Fronteras prestamos este material a los freelance porque las empresas para las que trabajan no se los dan y ellos, con lo que les pagan, no se los pueden permitir”, confiesa Pilar Bernal. “Estamos en un proceso de reconversión. Hubo un tiempo en el que había muchos freelance, pero después de las revoluciones árabes eso se terminó porque bajaron los precios al mínimo. Se empezaron a cargar a los periodistas que podían viajar al terreno”, detalla Mayte Carrasco, reportera que ha cubierto conflictos en Malí, Siria o Afganistán entre otras.

«Acabé cubriendo guerras por casualidad. Fui porque me tocaba. Cuando estuve allí sobre el terreno me di cuenta de que me gustaba mucho el periodismo de primera línea, donde podía hablar de tú a tú con los actores», Mayte Carrasco.

Por su parte Almudena Ariza es muy rotunda: “me gustaría poner el dedo en la llaga porque la situación es tremenda. Es un bochorno lo que se está ofreciendo a periodistas por jugarse la vida. Hace unas semanas, con el hundimiento del barco en Terranova, tengo compañeros aquí en Nueva York, españoles, que les han propuesto ir y se han negado porque no podían correr con ese gasto”. Ana Expósito también denuncia esta situación y considera “que hay que volver a la profesionalización y hay que dejar de pagar las miserias que se están pagando. Un corresponsal que está en una guerra tiene que poder vivir de lo que hace, cosa que hoy en día no sucede. La gente no tiene ni para un chaleco antibalas. He tenido compañeros en Siria a los que les han ofrecido 20€ por crónica. Me parece una desfachatez proponer eso”. 

Expósito, Ariza, Bernal y Carrasco son cuatro reporteras curtidas en la corresponsalía de guerra. Empezaron cuando apenas había mujeres expertas en materia bélica, pero han sido capaces de romper moldes y de alzar la voz. A finales de 2021, Mayte Carrasco creó, con el apoyo de más de doscientas profesionales, la Asociación de Mujeres que Cuentan el Mundo. “Es una asociación que tenía en mente crear desde hace mucho tiempo. Tuve una experiencia desagradable cuando me echaron de una producción estando embarazada y decidí que ninguna compañera iba a sufrir eso. La creé a través de un chat donde empecé a añadir a compañeras y la respuesta fue buenísima”. “Sigue habiendo un machismo tremendo. – Advierte Ana Expósito, – Cuando yo empecé había muy pocas mujeres, y lo peor es que ni siquiera nos tenían en cuenta. No solo porque ellos no nos tuvieran en cuenta, sino que cualquier cosa que partiese de un corresponsal o un enviado especial hombre se tomaba mucho más en serio que la información de una mujer. No sé si este tipo de cosas solo va a tener remedio en el momento en el que nos pongamos en serio a exigir lo que se nos debe y yo creo que nuestra asociación, ACM, va en ese sentido. No podemos seguir siendo invisibles. Tienen que respetar nuestra profesionalidad”.

“La creación de esta asociación visibiliza el trabajo de tantas mujeres que están haciendo buen periodismo, fotoperiodismo; que están cubriendo conflictos… y son poco conocidas. ¿Hay que buscar expertos para que hablen de algo? Siempre salen hombres. Es tan injusto…”, Almudena Ariza.

Por su parte, Pilar Bernal ratifica que le “parece muy valioso crear una comunidad de mujeres que informan de internacional, crear esa comunidad es muy especial porque se crean vínculos fuertes. Por ejemplo, durante la evacuación de Afganistán, yo encontré en ACM algunas compañeras con las que directamente nos coordinamos, me pasaban casos de mujeres periodistas que estaban allí y fue alucinante como se crearon unos vínculos muy fuertes en un momento que era necesario para ayudar a periodistas afganas”. Y es que todas se han tenido que enfrentar a alguna situación incómoda por el simple hecho de ser mujer: “Cuando cubrí la guerra en Irak, -dice Expósito- me empeñé en que quería hablar con alguien de la insurgencia. Después de mucho tiempo conseguí un contacto y quedamos, todo bajo anonimato. Ese mismo día, otra compañera también había conseguido un encuentro de este tipo. Yo estaba muy emocionada y por la noche, cuando se lo conté a los compañeros, la respuesta fue “qué curioso que las únicas que hayáis tenido acceso a la insurgencia hayáis sido mujeres”. Dando a entender que a nosotras nos estaban engañando, que era muy fácil engañarnos”. A Mayte Carrasco, como comentó, la despidieron de una producción estando embarazada; y Pilar Bernal expone que “muchas veces, porque tienes un hijo, te preguntan que cómo te vas esos sitios. Cosa que a un colega jamás le preguntarían. Nadie nos tiene que recordar que somos madres”. Por su parte, Ariza, tras su experiencia en Afganistán revela haberse dado cuenta de que lo que era el acercamiento, como mujer, a las víctimas y a las mujeres afganas: “cuando yo cubrí esta guerra había un debate en España en el que se decía que las mujeres no deberíamos ir a una guerra como esa porque cambiábamos el foco. Allí me di cuenta de que a nosotras se nos abren las puertas del cincuenta por ciento de la población (las mujeres) en estas sociedades tan conservadoras. A los hombres no. Yo entraba a sus casas, en su cocina y me contaban cómo estaban. Nos abrían la puerta de su intimidad y nos contaban cómo era realmente su vida”.

«La guerra, por dolorosa que sea, es un escenario formativo de primera línea, y un periodista de internacional quiere contarlo, quiere estar ahí. No lo eliges tú, la profesión te elige a ti: en ella se junta la obligación y la vocación», Pilar Bernal.

Hace exactamente 42 días que estalló la guerra en Ucrania. Según informaciones de la ONU a seis de abril de 2022, ya han muerto 1.567 civiles, aunque el ACNUDH cree que las cifras reales son considerablemente más altas. Además, se calcula que la cifra de refugiados asciende a más de cuatro millones y medio, siendo así el éxodo más grande de la historia. También, según Reporteros Sin Fronteras, siete periodistas han fallecido y once han sido heridos, y es que, aunque se sea un profesional de la información, no se deja de ser un civil en zona de conflicto: “estaba en el norte de Irak, – recuerda Almudena Ariza, – con Manolo Ovalle. Había un frente de batalla, una guerra física. Se enfrentaban los soldados de Sadam Husein con los combatientes kurdos. El día antes. los militares kurdos habían comunicado que avanzaban posiciones. Invitaron a un grupo de periodistas y observadores internacionales para que vieran ese avance. Teníamos que haber salido muy temprano, pero Manolo dijo que no porque no iba a tener luz para grabar a esas horas. Decidimos salir más tarde e incorporarnos al convoy en otro punto. Ese convoy fue bombardeado y cuando llegamos allí estaba todo lleno de cadáveres. Nos salvamos de pura casualidad”. Una guerra tampoco deja de ser un terreno duro sobre el que trabajar y pasa factura: “cuando vuelves a España, a tu casa, con tu familia. Aquí sigue la vida normal, pero tu cabeza todavía está allí. Aquí están los problemas normales, los cotidianos, los que no tienen que ver con la vida y la muerte de las personas y cuesta reconectar. Hay que cuidar también la salud mental de los periodistas porque vivir este tipo de experiencias no es fácil”, concluye Pilar Bernal.