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Reinventar la televisión en abierto

28 de julio de 2022

Por José Manuel Pérez Tornero. Presidente de la Corporación RTVE

En España, cuando más del 60% dispone ya de acceso a plataformas, son muchos los que se inquietan por el porvenir de la televisión en abierto. Algunos de ellos se han apresurado a proclamar su defunción y a profetizar el advenimiento de un nuevo reino audiovisual: digital y personalizado.

Otros se aferran a las convenciones de la televisión en abierto.  Sin televisión clásica no hay ninguna posibilidad de que existan relaciones sociales: ni las familias tendrán ocasiones para reunirse, ni habrá encuentro generacional, ni elecciones democráticas. Porque si la televisión que conocemos ha construido el mundo en el que vivimos, “nuestro mundo” no será posible sin la televisión abierta.

Pero ¿cuál de estas posturas tiene más razón? Probablemente, ninguna de ellas totalmente, y las dos en parte.

Lo que se nos viene encima es una historia híbrida, hecha de televisión personalizada, de plataformas y de televisión en abierto. Y una oportunidad para reconocer, una vez más, que el futuro no está escrito, sino que se construye desde el presente. De forma que tanto la plataformización como la televisión en abierto depende de quién invente antes y mejor. Es tiempo de inventores y no de profetas.

En primer lugar, porque la televisión no va a cambiar radicalmente de un día para otro y, mucho menos de una vez por todas. En segundo lugar, porque si algo hemos aprendido en los últimos años es que “existen otros mundos, pero están en este”. De manera que muchas formas de televisión ya conviven, y van a subsistir durante mucho tiempo.

Lo que se nos viene encima es una historia híbrida, hecha de televisión personalizada, de plataformas y de televisión en abierto. Y una oportunidad para reconocer, una vez más, que el futuro no está escrito, sino que se construye desde el presente. De forma que tanto la plataformización como la televisión en abierto depende de quién invente antes y mejor. Es tiempo de inventores y no de profetas.

Un nuevo tiempo de creatividad

Pero la exigencia de inventar el futuro será más fuerte en el campo de la televisión en abierto.  Y, en mucha menor medida, en el ámbito de la plataformización. Porque el camino de la plataformización es, en sí mismo, más conservador.

Las OTT ni cambian, ni lo pretenden, el modelo de contenidos pre-existente.  Al contrario, son conservadoras con sus formatos y estilos. Solo han variado la escala y las cantidades. Han multiplicado por miles o millones los públicos y los catálogos; la inversión productiva; y el volumen del negocio. Pero han inventado muy poco, si descontamos la aplicación del big data, el machine learning, y los algoritmos.

En cambio, la televisión en abierto lleva mucho tiempo mudando y reinventándose. Y lo va a tener que hacer más y mejor en el próximo futuro, porque su reto es más cualitativo que cuantitativo.

Como no es probable que la televisión continua pueda aumentar sus cifras -de negocio, espectadores, catálogos- en los próximos tiempos, sino al contrario, se encuentra acotada y con pocas posibilidades de expandirse más. Por tanto, solo podrá sobrevivir reinventándose a sí misma, mudando sus contenidos y ensayando nuevas relaciones con los públicos y con su entorno mediático.

La televisión en abierto está viviendo su propia revolución semiótica. Sin solución de continuidad de la paleo-televisión -ritmos contantes de programación y separación de géneros- a la neo-televisión -variación continua e hibridación irrespetuosa de géneros-. Y, hoy en día, se encuentra explorando la meta-televisión: referencias cruzadas, intertextualidad, hibridación continua, aprovechamiento de los fenómenos fans, etc. En los próximos tiempos tendrá que seguir por esa vía, pero tendrá que ensayar nuevas fórmulas: la de la participación activa de los espectadores; convocatoria intergeneracional; ceremonia social; hibridación con la vida cotidiana comunitaria, etc. Y por otro lado, es probable que tenga que vivir en una suerte de campaña mediática permanente.

Festivales como el de Eurovisión se están ya convirtiendo en un nuevo modelo de producción y programación: en rito social compartido por jóvenes y por mayores. No son solo son una competición sino un potente vector de transformación de roles sociales, sexuales y políticos.

Permítaseme poner solo algunos ejemplos de este nuevo tiempo de creatividad.

El primero, el de la información. Los antiguos canales de información continua (de 24 horas) están viviendo una profunda adaptación a la nueva geoestrategia mundial y al nuevo estilo de relaciones políticas. Cuando la globalización ha mostrado ya sus límites, el modelo CNN pierde vigor y tiene que reinventarse.

El segundo el de la música juvenil. Festivales como el de Eurovisión se están ya convirtiendo en un nuevo modelo de producción y programación: en rito social compartido por jóvenes y por mayores. No son solo son una competición sino un potente vector de transformación de roles sociales, sexuales y políticos.

El tercero, el del deporte. En los próximos años veremos como la oferta deportiva mundial que andaba por los derroteros de las plataformas globales, se habrá de reconvertir para atender mejor y respetuosamente a los públicos locales. Un fenómeno de relocalización del imaginario y de los momentos de celebración social.

Todo ello, le corresponderá a la televisión en abierto. Y es esto lo que hace verdaderamente excitante y prometedor su futuro y su pervivencia. Como decía el mismo poeta surrealista ya citado y es aplicable a la televisión en abierto y a su contexto: “la vida es fuego y el cuerpo -la televisión- es incombustible”.